|
NOTICIAS
La Real se enfrenta hoy a su espejo. Al suyo, y al del resto de clubes de Primera. Porque la gran temporada que está realizando Osasuna es la envidia sana que corroe a la mayor parte de las entidades de Primera. Incluidos, por supuesto, los txuri-urdines. El grupo de Aguirre ha pasado ya su mala racha de la temporada y entrados ya en el último tramo liguero acaricia con más tacto que nunca la Champions, objetivo impensable.
Lo hace, además, con plenas garantías, las que le ofrece su buen juego y el siempre sólido respaldo que dan los resultados. Tanto es así, que su único problema se centra ahora en hacerse fuerte en su estadio, algo inversamente proporcional a la historia rojilla. Aguirre recupera a sus nada menos que cinco sancionados en Montjuïc, incluidos los imprescindibles Ricardo y Raúl García, aunque visto el 2-4 en feudo periquito no será algo que le quite demasiado el sueño. Juegue quien juegue, sabe bien el mexicano, su equipo dará la talla. Eso sí, no tendrá a Milosevic y esa baja es de las que más le escuecen. Seguro que sí.
Vida o muerte.
Pero tanto o más necesitados que Osasuna están los realistas. Ante las bajas, Arconada volverá a frotar su bola de cristal, aunque el núcleo de novedades que venció hace dos semanas en Riazor -Stevanovic, Mark González, Alberto- volverá a centrar la alineación. La lesión de Skoubo dejará coja a la Real arriba, como ya se vio en el segundo tiempo ante el Barça, y la suerte txuri-urdin dependerá mucho del hasta ahora nulo acierto de Nihat. De devolver los favores del pasado, mejor ni hablar. La Real puede y debe ganar en Pamplona. Todo lo demás son pataletas impropias de una afición y un equipo de Primera.
|